EXPEDICION A LE PETIT SOLDAT 2006

El viernes día 6 de Octubre a las 7,00h partimos del aeropuerto de Santiago de Compostela los siguientes expedicionarios turlurones: Juan Carlos Avila, Luis Ontañón y su tocayo Luis Esteban. Tras una hora y media de vuelo aterrizamos en el aeropuerto de Barcelona, donde debimos esperar, a golpe de café y Duty free, hasta las 12,00h para salir en otro vuelo camino de Milan.Llegamos a Malpensa/Milan a las 14,30, donde nos esperaban Juan Miguel Fdez. y Albert Gros. Juntos alquilamos un coche, y tras 2 horas de camino por las autopistas en obras del norte de Italia, llegamos a nuestro destino: Sant Vicent en el Valle de Aosta.

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A punto de despegar
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Nuestro transporte
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Luis, Juan y Albert
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El Valle de Aosta

Lo primero fue inscribir y colocar las figuras que llevabamos. Para ello tuvimos que encontrar la nueva localización del evento, ya que el habitual pabellón estaba este año en obras. Una vez en él procedimos a dejar nuestras figuras, y las que Daniel Serrano, Alfonso Prado y Jesús G. Fontes nos habían dejado para concursar.No pudimos dejar de saludar a amigos como el organizador del concurso: Stefano Pesce, al inigualable Cristian Petit, Ivo Preda o Kostas Kariotelis, que por allí andaban.
Serían las 20,00h cuando tomamos posesión de nuestras habitaciones en el hotel, que nuestro amigo italiano Mauro Bellato, nos había reservado. Aunque hubo varias protestas por lo alejado del mismo,la cosa no paso de ahí.
Una vez refrescados y con nuestras maletas en las habitaciones, bajamos a Sant Vicent, donde cenamos para a continuación dejarnos caer por el famosol Pub Irlandes, lugar de encuentro nocturno de todos los miniaturistas participantes, coleccionistas asistentes, profesionales y aficionados varios. Allí estaban Diego Ruina, Fabio Nunnari, Francesco Terlicci, Mariano Numitone, Julio Cabos, Philip Gegembre, Pietro Balloni, Dominique Brefort, y muchos más.

Al día siguiente, tras un buen desayuno y una breve estancia en el lugar del concurso, decidimos realizar una excursión por la zona. De esta manera los 5 montamos en el coche y pusimos rumbo al Mont Blanc o lo que es lo mismo hacia la frontera con Francia, que se encuentra a 30 kms escasos.
Despues de palidecer con la altura y las vistas del monte Blanco, cruzamos sus 12 kms de tunel para adentrarnos en Francia, y parar en su primer pueblo: el exclusivo Chamonix. Allí, entre tiendas de moda alpina, casas solariegas, chalet y urbanizaciones de lujo, nos comimos unas deliciosas fondues. Para bajar la comida quisimos subir en teleférico al Pico de la Aguja (3.800 mts), pero cuando llegamos, bajaba el último del día, así que eso quedará para otro viaje.
Eran las 17,00h cuando abandonamos Chamonix dirección Suiza, ya que queríamos regresar a Italia por el paso de San Bernardo, famoso por haber sido cruzado por gente tan insigne como Anibal, Carlomagno o Napoleón, y estaba a solo 50 kms de donde nos encontrabamos. Así que pusimos rumbo a Martigni (ya en Suiza), y a continuación a San Bernardo, para llegar a Sant Vicent a las 19,30h, y aún darnos tiempo a echarle un vistazo al concurso.

La siguiente secuencia es ya toda una tradición: cenar, ir al Pub, y acabar en el local de las balarinas, un sitio este de lo más frecuentado por los modelistas y miniaturistas asistentes.

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Vista desde Hotel
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Albert, Luisón, Luis y Juan
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Monumento en Chamonix
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Paso de San Bernardo
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En el pub
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Con Mauro & esposa
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Juan Miguel y Luis...
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Fondue en Chamonix

La mañana del domingo fue exclusiva en el concurso, salvo para Luis Ontañón que se fue a visitar el pueblo. Los demás nos quedamos viendo las obras, charlando con unos y otros, tomando fotos o haciendo negocios con algún coleccionista. El comentario general fué muy positivo, ya que vimos muchas piezas de gran calidad, una gran cantidad de obras en scrach, y una más que prometedora, en cuanto a calidad y cantidad, participación de obras en la modalidad standar. A todo esto hay que sumar la delicia de ver colecciones como las de húsares de Francesco Simoncini, o los Cannone de Fabio Nunnari, o las obras en display de Marijin Van Gils.
La comida la hicimos en el hotel, casi todos los españoles asistentes con Mauro y su esposa Cristina. El menu tradicional Valdostano, un variado de antipastos y como plato fuerte polenta, o lo que es lo mismo una especie de cocido a base de harina de maiz o trigo, risotto, carne de ternera, cerdo, sachichas y pimientos asados en forma de pisto. Como se ve, una comida frugal.
A las 16,30h, era la entrega de premios, así que apuramos los cafes y bajamos haber si había habido suerte. Creo que este año no nos pudimos quejar, ya que Juan C. Avila, Alfonso Prado y Luis Esteban se llevaron sendos oros, Albert Gros fué bronce, y Juan Miguel Fdez., Dani Serrano y Jesús G. Fontes fueron mención de honor. Estos dos últimos turlurones eran la primera vez que se presentaban.
Entre la participación del resto de los españoles, la cosa fue dispar, así Jaume Ortiz fue oro, Julio Cabos fue plata, Jordi Gros fue bronce, Carles Vaquero, al igual que el inigualable Fer, fue mención, y seguro que me dejo a alguien más.
Por último, Samuel Pérez, jurado en esta edición, paso el testigo a Luis Esteban como jurado del 2007.
Terminada la ceremonia, llegó el momento de la recojida de obras y despedida de todos los amigos allí presentes hasta la próxima.
Nuestro grupo, ya con las maletas en el coche, tuvo la enorme suerte de contar con Gianfranco Speranza y su amigo Steve Reynols, como guías hasta el mismo Milan. También fué Gianfranco quien se ocupo de reservarnos hotel, y de acompañarnos a cenar a una preciosa pizzeria.

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Los Antipasto
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Albert y su bogavante
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Comida del domingo
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Con el amigo Gianfranco


En la mañana del Lunes, nos despedimos de Juan Miguel y Albert, ya que su vuelo salía antes, y nosotros tres decidimos pasar la mañana paseando por Milan. Cojimos un autobus urbano (que no pagamos) hasta la estación de tren, en pleno centro de la ciudad. Allí dejamos en una consigna nuestras maletas y figuras, para a continuación ir andando hasta la piazza del Duomo, ver por fuera el Castello Sforzeseo, admirar las Galerias Vittorio Emanuelle con sus exclusivas tiendas, y perdernos por las callejuelas parejas a la piazza Scala.

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En la Piazza del Duomo
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La tienda Ferrari de Milán
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Mucha moto...
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El tren al aeropuerto

A las 12,30 subimos al tren que nos llevaría a Malpensa, para de allí volar de vuelta a Barcelona, donde aparcamos nuestros maltrechos cuerpos de miniaturistas/turistas, no sin antes hacer las compras de rigor, tomar tropecientos cafés y jugar con la consola de Juan Carlos, hasta el aburrimiento, ya que llegamos al Prat a las 16,00h, y volamos para Santiago a las 22,00h.
El final de la expedición llegó cuando tomamos tierra en la capital de Galicia. Allí nos despedimos de Juan, que partió para Noia, y los Luises tomamos el camino de La Coruña, recordando en el trayecto lo bien que lo habíamos pasado, y prometiendonos volver a repetirlo el año que viene.

Hay ya muchas galerías de fotos de las figuras por la red (una, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete y las oficiales) pero aquí teneis una pequeña aportación turlurona .