HOPLITA SICILIANO , por José Manuel García

LA FIGURA

Pertenece al catálogo de Romeo Models con la referencia 54-055 y está magníficamente modelada por Maurizio Bruno. Desde el momento que la vi fue una pieza que me llamó la atención por dos motivos especialmente: su pose altiva y desafiante y el hecho de ir tocada con un yelmo de estilo tracio que además lleva ajustado completamente. Normalmente las figuras de este período que se ven se representan con casco corintio situado en la coronilla sin calzarlo del todo, lo que recuerda más a unas gafas de sol Esto, para mi gusto, les confiere a los hoplitas un aspecto demasiado “fashion”, que poco tiene que ver con la realidad. Como los Turlurones saben, y se encargan siempre de recordarme, me encantan los “romanos”, así que aprovechando la visita al último León Rampante me hice con la figura en El Escorial.

LOS HOPLITAS

En principio solo unos pocos griegos que disfrutaban del privilegio de la ciudadanía podían formar parte del ejército y costearse el equipo de guerra. Más adelante (s. VII-VI a. de C.) las nuevas tácticas militares basadas en la formación en falange, propiciaron la aparición de un nuevo tipo de soldado cuyo equipo de guerra era mucho más económico: el infante conocido como hoplita, cuya impedimenta estaba compuesta por el escudo circular de madera (hoplón), casco, coraza con peto y espaldar y grebas o protecciones para las piernas, todos de bronce. Como armas de ataque portaba una lanza de aprox. 2,70 metros y espada.

AMBIENTACIÓN HISTÓRICA

La figura está desprovista de los “achiperres” más aparatosos que solían portar este tipo de soldados, esto es, carece de la lanza que ralentizaba sus movimientos y no lleva tampoco capa que les podía limitar en sus evoluciones en el campo de batalla. Todo esto contribuye a una pose mucho más dinámica y dispuesta para el combate. Lo primero que me vino a la mente fue representarlo como un espartano, pero pronto deseché esa idea ya que ni vestía la capa rojo púrpura ni las largas melenas, características ambas que los espartanos solían cuidar y respetar, pues eran conscientes de que su mero aspecto físico amendrentaba a sus enemigos. Así que tuve que pensar en otra opción para nuestro apolíneo y bien torneado griego. Para ello decidí fijarme en las indicaciones y la reseña histórica incluidas en la caja de la figura, donde aparece representado como un hoplita siciliano.

LA GUERRA DEL PELOPONESO

Tras la victoria en las guerras médicas en las que las Polis Griegas dejaron aparte temporalmente sus diferencias para unirse frente a un enemigo común, los Persas, Atenas y el centenar de ciudades griegas que formaban la Liga de Delos salieron reforzadas frente a Esparta, situada al frente de la Confederación del Peloponeso. El choque de intereses entre las dos polis principales dio lugar a una confrontación conocida como la Guerra del Peloponeso que se desarrolló entre el año 431 y 401 a. de C.

LOS ÓLEOS

A excepción de la cara, túnica, penacho y escudo, está decorada enteramente con óleos, técnica con la que me siento más seguro, aunque los resultados no sean siempre mejores. Como poco tengo que aportar a lo dicho por otros en infinidad de artículos de pintura con acrílicos, me centraré en explicar un poco las técnicas de pintura al óleo y concretamente en la simulación del bronce con la utilización de estos pigmentos combinados con la tinta de imprenta.

Lo primero que hago para conseguir que el óleo no satine es dejar escurrir la pintura como mínimo un par de horas sobre un cartón absorbente para que “chupe” el exceso de aceite que es lo que hace brillar la pintura. Como disolvente utilizo símil aguarrás que es más o menos lo mismo que el white spirit de bellas artes, pero menos refinado (y mucho más barato) y por último, aunque este no fue el caso, acelerar el secado de la pintura introduciendo la figura en el horno, siempre que sea de metal, claro, a muy baja temperatura. Es conveniente también utilizar una pintura de la mejor calidad: en mi caso Winsor&Newton de la serie Artist’s con un pigmento finísimo y la cantidad justa de aceite que facilitan mucho la labor de pintura de miniaturas.

En cuanto a la técnica, consiste en diluir el óleo en la paleta con símil aguarrás hasta que tome la consistencia de la mantequilla blanda o pomada muy cremosa y aplicar la pintura estirándola al máximo: se coge la mínima cantidad de pintura con un pincel preferiblemente sintético y un poco duro y casi se frota, más que se pinta, contra la superficie de la figura. Al principio resulta sorprendente ver lo que cunde el pigmento y lo que llega a “estirarse” la pintura, lo importante es que esta no quede pastosa, ni con marcas de pinceladas o grumos.
Normalmente aplico el óleo directamente sobre la imprimación sin utilizar una capa base de acrílico. Como esta figura la comencé a pintar en unas vacaciones en un lugar donde no tenía a mano el aerógrafo apliqué como imprimación un color gris medio de humbrol a pincel. La imprimación a pincel es menos perfecta en cuanto a cubrición que la realizada a aerógrafo, por lo que en las zonas de brazos y piernas preferí utilizar una base de acrílico compuesta de arena marrón+bermellón+uniforme inglés. Posteriormente apliqué el óleo de cuya paleta de colores para la carne adjunto una foto donde se ve la pintura ya escurrida sobre un cartón.


La base está compuesta de rojo veneciano+ocre oro+pardo garanza de alizarina a lo cual se le añade blanco de titanio hasta conseguir el tono de piel deseado. Las luces se consiguen añadiendo amarillo de nápoles y blanco de titanio a la base y las sombras añadiendo a la base más pardo garanza de alizarina hasta llegar a aplicar este color puro. Tanto luces como sombras se funden en fresco sobre fresco sobre la figura.

LA TOMA DE SICILIA

En la segunda fase de la guerra del Peloponeso se recrudeció la lucha por el control de las polis del sur de Italia y Sicilia (Catana, Segesta, Naxos y, sobre todo, la poderosa Siracusa). La idea de los atenienses era crear una potencia ateniense en Sicilia y hacerse con el control de las polis más importantes, empresa que estaría al mando del estratega Alcibíades.

LA CORAZA

Quizá es la parte de la figura que más llama la atención y por la que más parabienes he recibido de esos críticos exigentísimos que son Los Alegres Turlurones. La base está compuesta de sombra tostada, pardo garanza de alizarina, amarillo ocre y negro humo, este último color es el que le confiere auténtico cuerpo a la pintura y favorece que no transparente. A esta base de óleo le añadí tinta de imprenta color oro viejo hasta conseguir un tono broncíneo más bien oscurito. Con esta base se cubre bien toda la superficie de la coraza estirando mucho y sin empastar.

A continuación pinté las sombras directamente con negro. Al contrario de lo que sucede con los acrílicos, con los óleos hay que empezar a sombrear desde la parte que queremos que quede más en sombra y lleva la pintura hacia la más clara difuminándola. La técnica que empleo es la conocida como “fresco sobre fresco”, es decir, aplicar luces y sombras sobre la base aún húmeda y realizar el fundido y la degradación cromática en la propia figura Para los fundidos ha de utilizarse otro pincel distinto del usado para pintar, seco, suave y limpio que nunca debe tocar el disolvente. Para limpiarlo  simplemente se frota contra un paño o toalla. El proceso de aplicación de sombras (y luces) se repite tantas veces como sea necesario hasta lograr el contraste deseado, ya que la cantidad de pintura aplicada de cada vez debe ser ínfima (en este caso apliqué el negro en las sombras hasta tres veces).
Para las luces lo que hice fue ir añadiendo tinta de imprenta ala base en la paleta e ir aplicándola a la figura y fundiendo como se explicó en el paso de las sombras, hasta llegar a algunas zonas donde apliqué la tinta de imprenta pura, siempre en fresco sobre fresco.

Tratando de evitar la monotonía en las partes metálicas decidí introducir alguna variación para la pintura de las grebas: sustituí el pardo garanza de alizarina por violeta de Marte, lo que le da un tono más rojizo y añadí algo de sombra natural en lugar de sombra tostada que tiene un matiz más verdoso. En cuanto al casco lo que hice fue mezclar las dos bases, la de coraza y grebas y obtener así un color intermedio. Esta parte fue la única donde al cabo de tres o cuatro días, con la pintura bien seca, añadí algo de tinta de imprenta pura en su parte superior, por ser la zona metálica más iluminada.

HUIDA DE ALCIBIADES Y ASEDIO DE SIRACUSA

Tras varios intentos frustrados y sonados fracasos, el propio Alcibíades se vio obligado a huir de Sicilia hasta que finalmente acabó recalando en Esparta, a cuyo estado prestó valiosos servicios. Tras la deserción de Alcibíades, los atenienses emprendieron el asedio de Siracusa en el verano del 414 a. de C. 3.000 espartanos acudieron en ayuda de la ciudad en espera de más tropas de la confederación del Peloponeso, con lo que el plan ateniense de cercar Siracusa por tierra fracasó rotundamente.

EL ESCUDO

Dejé para el final la parte más temida por mí. Mi habilidad para el dibujo es cero o menos que cero y una vez desechada la idea de representar a un espartano, se había esfumado también la posibilidad de decorar el escudo con una Lambda mayúscula (una especie de triángulo sin la base) distintivo de Lacedemonia (Esparta), que es lo único que me veía capacitado para dibujar. Así que decidí echarle valor…y morro para que mi hoplita no se quedase sin heráldica. En cuanto al motivo a representar cualquiera podía ser válido: al ser un ejército compuesto por ciudadanos individuales que se unían para defender un bien común, cada uno llevaba en el escudo el símbolo que le parecía más oportuno: alusiones mitológicas, animales protectores, símbolos de su polis, familiares, etc. Tal y como sugiere la información de la caja decidí basarme en las monedas de la época y encontré algunos ejemplos de monedas sicilianas en cuyo anverso aparecía un cangrejo (el motivo elegido por Danilo Cartacci para la decoración del box-art) y en el reverso un gallo. Como a mí se me puede considerar el reverso tenebroso de Cartacci, la elección estaba clara, mi hoplita portaría un gallo en el escudo. El esquema de colores sería el diseño en color terracota sobre fondo negro, tal y como aparece en los vasos y cerámicas de la época, conocida como “vasos de figuras rojas” (S. V a. de C.) Con todo decidido solo faltaba...la habilidad para hacerlo. Comencé por aerografiar el escudo con negro mate+uniforme inglés+carne dorada en su parte exterior, iluminando con más carne dorada. El interior también lo pinté con aerógrafo utilizando tonos rojizos. Como del lado interno el escudo es cóncavo apliqué las luces en la parte inferior, pues ahí recibe la luz cenital. Los cordajes están pintados a pincel en tonos azules. Una vez seco, apliqué unas manos de barniz mate de marabú en la parte exterior para proteger un poco esa zona ya que es la que más sufriría la manipulación y los rigores de las correcciones a la hora de realizar la heráldica. Para el diseño de esta busqué en internet la figura de un gallo que reduje al tamaño adecuado al escudo y una vez impresa la recorté cuidadosamente con unas tijeras pequeñas. Pegué esta silueta al escudo con blue-tack y con un lápiz de mina blanda fui marcando todo el contorno. De esta manera hice un esquema básico para poder continuar con la pintura. Es un sistema bastante torticero, pero ya dije que los que no tenemos habilidad hemos de apañárnoslas como podemos. Lo demás fue fácil, rellenar primero con óleo y luego con acrílico, realizar los dibujos interiores (esta vez sí, a mano alzada) e iluminar y sombrear. Después de todo, va a ser que no es tan difícil dibujar...

DERROTA EN EL MAR

No les fueron mejor las cosas a los atenienses en el mar: las malas condiciones de aprovisionamiento, el clima y la imposibilidad de reparar los trirremes anunciaban el fracaso definitivo. La pérdida de la superioridad en el mar constituía la peor amenaza para ellos, pues les impedía el regreso a la madre patria. En respuesta, Demóstenes envió desde Atenas 65 navíos, 1.200 hoplitas atenienses y algunos aliados, llegando a Siracusa a fines de julio del 413 a. de C., pero tras un cierto éxito inicial los atenienses sufrieron graves pérdidas viéndose obligados a retirarse.

EL TERRENO

Aproveché la base metálica que trae la figura, que completé hasta cubrir toda la superficie de la peana con masilla de Feroca texturizada con estropajo tipo scotch-brite. Una vez seca la masilla pegué unos matojos realizados con ovillo de mar y pinté el terreno con esmaltes de humbrol, según la técnica explicada por Juan Carlos Ávila en un artículo de esta misma página, buscando unos tonos arenosos. Aproveché la pintura del terreno para ensuciar los bajos del escudo, ensuciado que completé con pasteles artísticos de tonos ocres y amarillentos.

RETIRADA

La expedición a Sicilia fue un rotundo fracaso: Atenas había perdido 50.000 hombres, entre ellos 10.000 hoplitas, y más de 200 barcos, así como su reputación de imbatibles en el mar. Con la derrota en Occidente, las ciudades orientales de la Hélade ganaron impulso para sacudirse el yugo ateniense, cuya pérdida de autoridad marcó el principio del fin de la guerra y de la hegemonía de Atenas.

Pisando la árida tierra de Siracusa nuestro hoplita Siciliano aguarda, desafiante y confiado, el desembarco de  los atenienses mientras se escucha el rugir de los espartanos doblando la esquina del tiempo. Pero como dice mi buen amigo Picatoste que decía Kipling, “eso es otra historia...”

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Abril 2007